Metamorfosis en los pliegues del espacio-tiempo. Reflexiones acerca del concepto de espacio interno y el movimimiento en la eutonía.

Del caos al orden
Espacio Interno conciente
El espacio interno conciente es un dispositivo esencial entre las herramientas con que cuenta la eutonía para llevar a cabo su función terapéutica, llamativo por su peculiaridad y utilidad funcional en la regulación del tono. El uso que habitualmente se hace de él no sólo es imprescindible en la práctica, sino que su presencia nutre y hace posible la riqueza de la misma.
Este recurso, cabe destacar, está a la base y torna posible el despliegue de otro instrumento sumamente inportante en nuestra disciplina denominado contacto conciente, a través del cual se desenvuelve todo el arco de posibilidades terapéuticas que hacen de la eutonía una de las más sofisticadas de las prácticas corporales conocidas.
El espacio interno, al que recurrimos con tanta frecuencia en las clases, requiere distintos abordajes. Entre ellos podemos citar losdiversos inventarios apoyados en la percepción de la distancia entre diferentes parte del cuerpo, la focalización minuciosa de la atención que explora algunas regiones del espacio interno de las articulaciones, o la investigación en cavidades privilegiadas que mantienen contacto con el mundo y las personas, como la boca.
Gerda Alexander, al referirse a él lo pone en relación con las tres dimensiones del cuerpo y lo describe de este modo:

“Comenzamos sintiendo la distancia de un costado al otro del cuerpo, tratando de percibir lo que está adentro. Se trata de adquirir conciencia de las tres dimensiones del cuerpo,’a través’ del propio cuerpo. Desde un límite de la piel hasta el opuesto en los diferentes sectores: en el tórax, en las piernas, etc.”.- [1]

Esta descripción es significativa porque revela su inscripción en el concepto clásico de espacio tridimensional de carácter absoluto y de origen euclideano. Esta concepción fue dominante en el pensamiento científico hasta el siglo pasado en que, al ser puesta en crisis por Einstein en su teoría de la relatividad, las coordenadas espacio-temporales recibieran una nueva formulación, adquiriendo en consecuencia una dimensión diferente.
.
Otras descripciones
Antes de avanzar en mi propuesta quisiera considerar otra exposición sobre este objeto de investigación, en este caso perteneciente a Denise Digelmann, porque aunque básicamente semejante y en la huella de la anterior ofrece, sin embargo, una descripción más detallada.
Esto implica una diferencia a mi entender, consistente en la precisión con que enumera en forma sucesiva los distintos componentes que este espacio contiene:

“… nosotros le pediremos al sujeto que tome conciencia de los detalles en este espacio interno, especialmente localizar los huesos, su forma exacta, las articulaciones que los unen. La toma de conciencia de los órganos forma parte del inventario del espacio interno”.  [2]

Se observa que aquí el espacio está también concebido como el lugar que permite, por medio de la enumeración sucesiva, discernir acerca de la identidad de lo diferente, así como mostrarnos la diferencia en lo semejante.
En síntesis hay una idea de orden que se pone de manifiesto por medio de la operación que el pensamiento realiza, discriminando la diferencia de la similitud, como si tratara de alejar la acechanza del caos que empieza a surgir cada vez que se da lugar a múltiples posibilidades.
Otro antecedente interesante sobre el tema lo constituye un texto más cercano. Se trata de un escrito de nuestra colega Susana Kesselman, quien nos presenta un acercamiento al espacio interno de una complejidad raramente alcanzada por otras descripciones.
En el mismo, después de referirse a la exploración de este espacio como tarea inagotable, enumera los factores que contribuyen a enriquecer esta búsqueda, destacando que:

“ Los conocimientos acerca del cuerpo humano, de su anatomía, de su neurología, de su psiquismo; el tiempo-espacio para la vivencia; la memoria que se despierta; la exploración de la tridimensionalidad; la percepción de los órdenes que se van construyendo son parte del proceso de ampliación de esta conciencia.” [3]

Si bien esta aproximación mantiene la tridimensionalidad corporal, su importancia radica en que ya incorpora el tiempo, ausente en las descripciones anteriores. Y lo hace de dos formas : en la primera vinculado al espacio, en la segunda asociado con la memoria.
Aún cuando en esta presentación el tiempo está todavá espacializado, enuncia ya el cambio de paradigma proveniente de las ideas de Einstein.

Perspectiva microcorpuscular
En lo que sigue voy a dejar de lado provisoriamente esta concepción del espacio interno que presupone como inherente una tercera dimensión, esta vez relacionada con el volumen del cuerpo, para tratar de introducir una noción difrente.
Para ello intentaré visibilizar otra región del espacio interno en un orden que no se referirá a lo macroscópico sino a lo microscópico
Mi idea consistirá pues en salir provisoriamente del campo macrocorpuscular para poder ingresar brevemente en lo microcorpuscular y aproximarme a otra alternativa que no se halla comprendida en el concepto clásico de espacio y que va a intentar incorporar el continuo espacio-tiempo cuadridimensional.
La tesis que guía este escrito es que la incorporación de esta última coordenada tiende a proporcionarnos otra vivencia, desde la cual podamos registrar una calidad de sensaciones que abra nuestro campo de la experiencia a una percepción diferente que conduzca a atravesar otros planos más interiores de nuestra sensibilidad, no contemplados en el abordaje macrocorpuscular.
Para este cometido era necesario rever la noción de “espacio interno” acuñada en el lenguaje de la eutonía, que según hemos visto presenta residuos de la concepción clásica del espacio; asi como hacer la referencia al tiempo, soslayado en las dos primeras exposiciones e incorporado en la última.
He tratado de dar cuenta de todo ello, brevemente, a través de las citas precedentes quizás con la certeza de saber que es la presencia, más o menos consciente, de este presupuesto el que de alguna manera preside la utilización del espacio interno en nuestra disciplina.
En fin, todo esto con vistas a tornar posible una nueva (o adicional, si se prefiere) instrumentación de este dispositivo –uno de los más originales con los que la eutonía cuenta – para que nos muestre otra de sus facetas, a la que podamos situar en el ámbito de lo que hoy conocemos como pensamiento complejo y en el seno de lo que llamamos micromolecular.

Del orden al caos
Descomposición del espacio euclideano
La posibilidad de tornar claro este nuevo abordaje requiere ante todo puntualizar en qué se aparta esta noción de la ya acuñada, para señalar luego las peculiaridades de este enfoque.
En ese sentido, la cuestión central de esta nueva mirada que propongo instala este tema en una concepción no-euclideana del espacio.
Como hemos visto, pues, el escenario de la visión clásica consiste especialmente en la tridimensionalidad del espacio, en su carácter absoluto y en su independencia de los elementos materiales que se hallan en él. Decimos también que las leyes de la geometría euclideana dan forma a este universo.
Por otra parte, el tiempo en esta visión constituye una dimensión separada e independiente del espacio y también posee carácter absoluto.
La visión del espacio interior dentro de este paradigma opera de modo análago a la teoría clásica, considerándolo como el lugar que se encuentra dentro de la envoltura global del cuerpo y en el que podemos, por ejemplo, instalar al esqueleto y los órganos. Resumiendo, se trata de un lugar visto esencialmente como espacio de contención.
Para la instrumentación micromolecular dejaré de lado el concepto convencional de espacio que implica la idea de una especie de receptáculo, dentro del cual disponemos y ordenamos los objetos que nos rodean.
Al respecto, Ilya Prigogine señala la diferencia entre la teoría clásica y la de nuevo cuño en los siguientes términos:

“… contrariamente a la teoría newtoniana clásica, la teoría einsteniana no sitúa la materia en el seno de un espacio-receptáculo indiferente sino que describe una relación mutua entre la materia y las propiedades métricas del espacio-tiempo que la engloba.” [4]

También he de sustituir la noción clásica de un tiempo absoluto, por otra en la que cada persona incide en los acontecimientos con su propio tiempo individual e irreversible. Lo que hoy conocemos como la flecha del tiempo
La noción que propongo va a surgir entonces al alejarnos del espacio perceptivo que nos es familiar, y al que he aludido como geométrico-euclideano, para acercarnos a él desde otra óptica.
Esta visión incorpora el continuo cuadridimensional concebido en la teoría de la relatividad general con una formulación que difiere de la anteriormente propuesta por Einstein en la teoría de la relatividad especial.
A propósito de esto Stephen Hawking, considerando al espacio y al tiempo como un encuadre que prestaba estabilidad a los fenómenos manteniéndolos al margen de los sucesos, nos aclara en la Historia del tiempo que:

“Antes de 1915, se pensaba en el espacio y en el tiempo como si se tratara de un marco fijo en el que los acontecimientos tenían lugar, pero que no estaba afectado por lo que en él sucediera. Esto era cierto incluso en la teoría de la relatividad especial. Los cuerpos se movían, las fuerzas atraían y repelían, pero el tiempo y el espacio simplemente continuaban, sin ser afectados por nada. Era natural pensar que el espacio y el tiempo habían existido desde siempre.” [5]

Y más adelante refiriéndose al cambio de posición del espacio y del tiempo en la teoría de la relatividad general, afirma que:

“El espacio y el tiempo no sólo afectan, sino que también son afectados por todo aquello que sucede en el universo.” [6]

LOS NUEVOS COMPONENTES
Devenir o creación del espacio-tiempo
Comenzaré enunciando los rasgos constitutivos de este nuevo abordaje, que de algún modo ya están presentes o discurren paralelos a la inmersión en la experiencia del espacio interno convencional.
La diferencia estriba, quizás, en una bifurcación del tiempo y en proseguir por un sendero diferente al usual, en el que el flujo de las sensaciones desterritorializadas de sus referentes anatómicos, sigue otro curso que las expone como manifestaciones reterritorializdas en otro cuerpo que podemos llamar sutil o virtual.
Este espacio se va a inscribir principalmente en la dimensión conciente de nuestra práctica – intensificándola y ampliando su espectro – entre la sensación y la conciencia que tenemos de ella.
Así, en una primera fase nos reunimos con la sensación, para tomar distancia de ella en la fase siguiente, tornándola conciente. Dicho de otro modo, una vez que recogimos los datos sensoriales de la región del cuerpo que nos ocupa, el paso más importante va ser el de tomar conciencia de lo que estamos sintiendo, distanciándonos así de la sensación.
Gerda Alexander refiriéndose al desarrollo de la sensibilidad superficial y profunda en el campo de la eutonía, afirmaba que:

“ Para llegar al desarrollo de esta sensibilidad se requiere una capacidad de observación profunda, una presencia gracias a la cual se desarrolla la aptitud de ser objeto de la propia observación. . .” [7]

De este modo lo que constituía el sujeto de experiencia en un primer momento se tornará, ahora, objeto de observación del siguiente estadio.
Veremos entonces, que el espacio al que me estoy refiriendo, si bien se halla ocupado por el esqueleto, los órganos, tejidos, etc., tambíen se encuentra temporalizado por la actividad mental que discurre distinguiendo una cosa de la otra según la región del cuerpo que, en ese momento, es objeto de la práctica.
En este espacio, en consecuencia, se inscribe el flujo mental de la actividad conciente que recorre o intenta recorrer el “espacio interno” del cuerpo. De este modo el espacio se encuentra como formando parte del mismo desplegarse de la conciencia a través de la atención, que a manera de spot se va deteniendo sobre cada objeto que la consigna va solicitando.
En una aproximación heurística podríamos proponer, entonces, que para que exista la posibilidad de internarnos en el espacio interno del cuerpo, debemos contar con el espacio interior de otro escenario, en el que se desenvuelve la actividad conciente, donde un “observador” va recogiendo las sensaciones corporales como así también las perceptivas.
Ahora bien, cabe preguntarse como experimentamos este espacio. Podría decirse de él que no lo sentimos, y sin embargo, lo tocamos. ¿Cómo? No con las manos precisamente, sino a través de lo que llamaré un devenir-tacto de la visión.
Nos encontramos aquí en el territorio de lo molecular o microcorpuscular, y son de modo singular las pequeñas sensaciones quienes permiten que las especializaciones de un sentido se puedan transponer a otro.
Así también la proximidad resultante de la sustitución de la visión por el devenir-tacto actúa, a su vez, neutralizando la distancia que pondría el sentido de la vista.
En cuanto a la coordenada espacio-tiempo, relacionada con la sensibilidad se manifiesta como un tejido peculiar en el que el espacio se torna tiempo, así como el tiempo deviene espacio.
Esto último va a poner en cuestión también, lo que llamamos objetivo como opuesto a lo subjetivo. Aquí, en este espacio interior, la experiencia oscila entre el tiempo subjetivo y el espacio objetivo.
Entra en crisis, en consecuencia, la oposición interno-externo, porque las sensaciones se van distinguiendo y sucediendo en otro lugar, resultante del atravesamiento del espacio interior con el espacio exterior.

Movimiento eutónico
Puede decirse que la eutonía enfoca el movimiento dentro de las coordenadas espaciales clásicas, las que orientan el desplazamiento del cuerpo en un espacio concebido en forma geométrica y ubican al individuo con su espacio personal (kinesfera) como centro del mismo.
Sin embargo desde otra lectura, que tenga en cuenta las transformaciones y la ruptura con el pasado que la nueva concepción de las formas estéticas reclama, y trate de rescatar el potencial todavía oculto en la eutonía, también es posible encontrar ciertos elementos que la acercan a la concepción que diera surgimiento a algunas de las corrientes de la vanguardia reciente en la danza. Me refiero a aquellas que se destacan por poner el énfasis principalmente en la desestructuración de las formas espacio-temporales y del encuadre visual, mediante la escenificación del volumen de los cuerpos recortándose contra el suelo, desterritorializándolos de la primacía de la cabeza y el rostro para reterritorializarlos en composiciones de formas mutantes que resultan de la conjunción de dos o más cuerpos.
Estos montajes – a veces inquietantes por la descomposición de lo familiar y la desrostrificación – destacan aspectos del cuerpo que habían sido soslayados y sustituyen el movimiento del cuerpo en el espacio, por la expresión de las metamorfosis del propio cuerpo.
En la práctica eutónica, por su parte, los movimientos se realizan a partir de la prolongación de las direcciones de los huesos, lo que contribuye a la descentralización de la simetría corporal, especialmente cuando el punto de partida lleva a la producción de movimientos completamente despadronizados y alejados de las pautas convencionales, como son los efectuados a partir de isquiones, de las ramas isquiopubianas o desde el occipital. Solo por citar algunos de ellos particularmente atractivos, donde el ideal de belleza clásico entra en crisis.
Por otra parte, la observación conciente que se desplaza constantemente de una región a otra del cuerpo para intentar sostener en un plano de atención ampliada tanto la presencia de la piel cuanto la dirección de los huesos, del contacto (que requiere la del espacio interno), y la utilización del transporte, la relación con el espacio circundante, etc., lleva a ralentar el flujo del movimiento, distendiendo el tiempo.
En fin, si la intención permanente de mantener conscientemente la copresencia de todos estos componentes durante la ejecución del movimiento, fuera llevada a profundizar aún más en otros planos interiores por medio de la búsqueda de la descomposición de cada pequeño movimiento, la coordenada espacio-temporal – ahora no- euclideana – vendría a saturar de espacio el espesor del tiempo y podría constituir el inicio de una búsqueda de la expresión más cercana a la de nuestros días.
En síntesis, hay aspectos de la eutonía que parecen presentar ya en esbozo los elementos de la expresión de vanguardia, y ello también recurre toda vez que la investigacion de la flexibilidad del tono silencia el movimiento para intensificar nuestra conciencia de las sensaciones, y hacernos asistir al escenario de nuestro cuerpo en permanente cambio, cual cinta de Moebius que con una cara mira hacia nosotros, mientras que la otra se desliza incesantemente en el territorio de lo no-visible.

Metamorfosis en los pliegues del espacio-tiempo. Reflexiones acerca del concepto de espacio interno y el movimimiento en la eutonía.
Deslizar arriba