Grupoanálisis Operativo: Foulkes – Pichón Riviére. Un diálogo pendiente, un diálogo para un cambio

(Anticipo del libro homónimo, Barcelona – Madrid, 25 de mayo de 1984. Este prólogo fue redactado por Juan Campos Avillar a partir de un diálogo con Hernán Kesselman. En el próximo número publicaremos un artículo de H. Kesselman redactado a partir del mismo diálogo. Juan Campos Avillar: “Psicoanálisis, psicoanalistas y psicoterapias grupales”, en Psicología Dinámica Grupal, Ed. Fundamentos, Madrid, 1980, Págs. 11 a 45.)

PROLOGO
Un prólogo es aquello que viene antes de un texto. Su función está en proporcionar el contexto y en aclarar la intención que lleva el autor de un discurso, con el fin de facilitar al lector el camino que éste emprende al iniciar la lectura de un texto para él hasta entonces desconocido.
Recién terminada la redacción de Psicología Dinámica Grupa1, aventura editorial de carácter grupal en la que ambos autores de la presente obra colaboraron y tuvieron ocasión. de encontrarse y conocerse, uno de nosotros, Juan Campos3 escribía Leyendo a S. H. Foulkes ¿con ánimo de entenderlo?
Para aquel entonces, esto hubiera deseado el otro1 es decir Hernán Kesselman: escribir para él acerca de Pichon Rivière otro artículo con intención semejante. Pasaron muchos años desde aquel 9 de diciembre de 1979, en que con ocasión de un coloquio (del cual se da debida cuenta en el libro mencionado) ambos autores, respectivamente discípulos de S. H. Foulkes y de E. Pichon Rivière, iniciaron un diálogo del que es fruto la presente obra. De tener que ponerle a ésta un título, que señalara mejor el proceso desde entonces por ambos llevado, quizá lo adecuado fuera llamarla Cómo leer a S. H. Foulkes y a Enrique Pichon Rivière, ¡con ánimo de entenderse!
En vez de ello hemos escogido, tal como se ve en la portada, el de Grupoanálisis Operativo: Foulkes – Pichon Rivière, un dialogo pendiente, un diálogo para el cambio.
Para el lector inquieto y avezado en la obra de uno u otro o en la de ambos, no escapará de llamar la atención el contubernio al que a base de condensación hemos llegado entre el Grupo Análisis del uno y el Grupo Operativo del otro. Ello es sin duda resultado de ponerse a jugar con palabras, pero al igual como sucede con los sueños, una vez que éstos han sido descifrados, las producciones mas absurdas responden a significados e incluso resultan significantes para productos del deseo reprimido con grandes implicaciones para las realidades personales y sociales.
Grupoanálisis Operativo responde a una inquietud que llevó a los que fueron nuestros maestros, preocupados por la necesidad y la dificultad del cambio, del no-cambio individual y social que se esconde detrás de la huida en la neurosis, a aventurarse desde el cómodo diván del psicoanálisis individual a la reñida arena de la realidad social que se hace patente en el pequeño grupo cuando con propósitos terapéuticos, de aprendizaje o de transformación social, dentro de ellos la palabra deja de estar atada y bien atada.
En el campo de la cura por la palabra, de la “cura hablada” inventada por Freud, el propósito de toda psicoterapia es conseguir un cambio en el sentido comunicativo de la palabra que por haber quedado sometida a la represión, anclada en el inconsciente, carece de significado y se repite una y otra vez insistiendo a modo de transferencia en la vida diaria como síntoma egocéntrico y a modo de neurosis. El mérito de Freud con el invento de la asociación libre por él creada dentro de la situación social del análisis binario está en resolver la transferencia. Este y no otro es el objetivo fundamental del psicoanálisis. En la organización social por Freud creada para la transmisión y el desarrollo del psicoanálisis y en el método educativo adoptado para la formación de psicoanalistas, se da sin embargo la contradicción de que con ellos se mantiene la transferencia, la resistencia al cambio, que el psicoanálisis como terapia trata de evitar con tan grandes esfuerzos. Si la fidelidad a Freud, fundador carismático del psicoanálisis, sigue siendo requerida, como se vino haciendo hasta ahora, la asociación por él fundada, no existe posibilidad para los miembros de las sociedades de ella derivadas de ser científicamente independientes.
Este es el drama que tuvieron que sufrir a lo largo de sus vidas tanto S. H. Foulkes como Enrique Pichon Rivière, por haber tenido la suerte, a la par que la desgracia, de haber estado formalmente entrenados como psicoanalistas, freudiano el uno, kleiniano el otro, en sociedades miembro de la Asociación Psicoanalítica Internacional, y, de permanecer por vida como miembros y didactas en las mismas.
Una de las características de esta asociación ha sido la resistencia a embarcarse en el campo de las psicoterapias de grupo y más cuando éstas sean exclusivamente verbales, y su sistemática oposición a todo intento de cualquiera de sus miembros a hacerlo de manera eficaz y consistentemente.
Michael Balint, discípulo de Ferenczi a quien la medicina psicológica tanto debe, sugería en cierta ocasión que esta sistemática oposición de la opinión psicoanalítica a las psicoterapias grupales bien podría resultar en un fascinante estudio histórico -y psicológico- después de haber argumentado lo siguiente:

“Aún cuando Freud mismo bosquejaba cierta aleación del oro puro del psicoanálisis a fin de acomodarlo y hacerlo útil para la psicoterapia de las masas, y a pesar de que casi todos los pioneros en psicoterapia grupal fueron psicoanalistas formados, nosotros corno corporación, hemos rehusado aceptar responsabilidad por su posterior desarrollo – en mi opinión en detrimento de todos los implicados y sobre todo de nuestra propia ciencia -. Son otros los que están recolectando rica cosecha en este importante campo y nosotros perdimos, quizás de forma irrecuperable, el obtener observaciones clínicas de primera mano en la psicodinámica de los colectivos”. (Michael Balint, The Basic Fault Tavistock Publ. 1968, pág. 102.)

S. H. Foulkes y Enrique Pichon Rivière son de los pocos psicoanalistas entrenados bajo los auspicios de la International Trainning Comission, regida con puño de hierro por Max Sitington desde 1925 hasta 1943, que quedan excusados de entonar el mea culpa colectivo por negligencia a que Balint les invita en la comentada cita.
Tanto el uno como el otro avanzaron mucho por el camino de las psicoterapias grupales pero, ello sí, no lo suficiente como para que la corporación psicoanalítica asumiera aceptar su responsabilidad en este campo. Su labor tuvo que ser llevada al margen de la institución, casi de manera subrepticia, sin que se notara demasiado.
La fuerza de la represión institucional la prueba el hecho que estos dos pioneros del grupoanálisis, a pesar de ser contemporáneos, y de estar tan implicados en el mismo campo nunca tuvieron entre ellos ocasión de hablar, de embarcarse en un diálogo creativo y mutuamente enriquecedor y fecundante.
Esta es la tarea que han dejado para los que fuimos sus discípulos, éste es el diálogo pendiente, que esperamos resulte en un diálogo para un cambio.
No es posible jamás contemplar un cambio sin tener en consideración las resistencias al cambio que esta voluntad por más decidida que sea pone en juego y con más vigor cuando mayores sean la viabilidad y el potencial revolucionarios de dicho cambio. Dichas resistencias vienen ancladas en el interior del individuo, incluido el innovador, mediante procesos psicológicos basados en la compulsión a repetir y en la transferencia, y a nivel de la organización social, a través de sus superestructuras ideológicas y de sus compromisos institucionales de valores y creencias contradictorias y de intereses contrapuestos.
Group-Analysis. A Dialogue for change, en traducción libre:
Grupoanálisis: diálogo para un cambio, es el tema elegido por el VI Simposium Europeo de Grupoanálisis que tendrá lugar en Zagreb, Yugoslavia, a principios de setiembre de este año. A él acuden terapeutas grupales, muchos de ellos a su vez psicoanalistas, procedentes de todas partes de Europa que se han visto influidos en el desarrollo de las terapias de grupo y los métodos grupales que utilizan en terapia y educación por el modelo grupoanalítico creado por S. H. Foulkes hace más de 40 años.
Hace ya cosa de más de veinticinco años, en 1957 para ser exactos, S. H. Foulkes conjuntamente con E. J. Anthony, su colaborador y discípulo, en un libro de gran difusión, un “pocket book” de Pelican, Group Psychotherapy: The Psychoanalytic Approach, sin rubor alguno escribían:
“No existe razón intrínseca alguna por la cual el psicoanálisis no pueda en un futuro ampliar su ámbito y reclamar que el grupoanálisis es sólo psicoanálisis en una situación multipersonal. Si esta declaración se hiciera, y a partir del momento en que fuese hecha, se pondrá de manifiesto sin embargo, que toda la teoría y práctica del psicoanálisis tendrá que ser igualmente cambiada cosa que nos llevará muy lejos y bien aparte de lo que llevaba en mente y era intención de quien lo originó.”
Cobijado tras la transferencia, el principio de repetición compulsión, como resistencia al cambio, se parapeta bajo este supuesto respeto a la intención inicial de Freud y su atribuido “último deseo”. Nada, por cierto, más lejos del espíritu del movimiento por S. Freud iniciado y de la letra de la organización social por él fundada para impulsar dicho movimiento.
En el texto fundacional de la Asociación Internacional de Psicoanálisis el punto III de los Estatutos discutidos y aprobados en 1910 en Nüremberg se lee textualmente cuáles son sus propósitos:
“En primer lugar, el cultivo y la promoción de la ciencia psicoanalítica tal corno fue inaugurada por Freud, es decir, a la vez corno Psicología pura y en su aplicación a la medicina y a las ciencias del hombre; y, segundo, proporcionar ayuda mutua entre sus miembros en su dedicación a la adquisición y al avance del conocimiento analítico”.
Nada de lo que allí se dice nos permite hacer pensar que la ciencia, el método de investigación y el procedimiento terapéutico por Freud iniciados, el Psicoanálisis, no sean factibles de perfeccionamiento ni que el objeto de investigación, el inconsciente humano, no pueda ser ampliado desde el “grupo de a dos” en que la cura analítica habitualmente se practica, a grupos pequeños o incluso más grandes. De hecho en el discurso inaugural que Freud hizo en aquella ocasión: “Perspectivas de futuro en la terapia analítica”, que retomaría en “Los caminos…” de 1918, a lo que apunta Freud es más bien a todo lo contrario.
Lógicamente la “dura realidad” de las neurosis debiera ir dirigida al lugar donde se adquiere, que Freud no se cansa de repetir está en las condiciones impuestas por una civilización que hace precisa la represión de los instintos del individuo; sin ofrecerle a cambio medidas compensatorias que hagan posible su salud mental, sin tener que huir en la neurosis. Sabe Freud perfectamente que la resistencia al tratamiento del neurótico y la resistencia social al psicoanálisis son debidas al miedo al cambio, al cambio que supondría para individuo y sociedad abandonar pautas que aún cuando resultan inadecuadas y costosas suponen seguridad e, igualmente, al miedo que inspira aventurarse hacia un futuro, algo nuevo desconocido, sin saberse para ello debidamente equipado.
Si quien genera la neurosis es el grupo, lógico es que sea el grupo quien las cure y quien las evite. Como diría Bion, años después, en el tratamiento individual de la neurosis ésta se considera como un problema del individuo, mientras que en su tratamiento grupal, la neurosis pasa a ser un problema del grupo. Tratar los neuróticos uno a uno mientras la sociedad sigue produciéndolos y haciéndolos necesarios obviamente no es solución, ni conduce a nada. Pero para hacer el tratamiento analítico asequible a grandes masas de población, como señalaría Freud en Los caminos…. ni la organización con que cuenta el psicoanálisis para formar terapeutas es la adecuada, ni la terapia analítica puede seguir manteniendo las mismas técnicas, ni la misma aleación del oro puro del análisis. Como bien apunta Balint en la cita que venimos comentando, la solución lógica quizás se encuentre no en el análisis individual sino más bien en el grupoanálisis.
Como nadie ignora, el modelo educativo adoptado por la International Trainning Comission desde 1925 fue el del Instituto de Berlín, fundado por Max Etington en 1920. Esta desde sus orígenes tenía como función tres principales objetivos:
1) Hacer la terapia analítica asequible a esas grandes multitudes que sufren de la neurosis no menos que los ricos, pero que no están en situación de financiar sus tratamientos; 2) proporcionar un centro donde el psicoanálisis pueda ser enseñado teóricamente y en el que la experiencia analítica de los analistas veteranos pueda ser transmitida a alumnos que están ansiosos de aprender; y 3) aspira a perfeccionar el conocimiento de las enfermedades neuróticas y de nuestra técnica terapéutica al aplicarla y ponerla a prueba bajo condiciones nuevas.
Fue en esto en lo que se concretaron los ambiciosos planes que para la socialización del psicoanálisis hablaba en 1918. De los tres objetivos sin embargo, el único al que los Institutos Psicoanalíticos con fervor se dedicaron fue el de la docencia, olvidando casi por completo la investigación bajo condiciones nuevas y frescas, como son las del grupo terapéutico.
La cura radical de las neurosis, al superar las resistencias al cambio, al hacer posible el progreso del psicoanálisis, no es una cuestión de psicología pura ni de análisis aplicado, ni tampoco de análisis individual o análisis grupal: es una cuestión de análisis operativo, es decir de análisis que funcione, que consigue sus objetivos y lo hace por la vía más económica, más justa, más eficiente y más rápida.
Los autores del presente trabajo, por su parte, tienen motivos especiales para embarcarse en este intento. En primer lugar se sienten obligados a prestar debido homenaje y reconocimiento a quienes un día fueron sus maestros y recientemente perdieron. En segundo lugar es su deseo complementar el duelo que les ha supuesto esta pérdida, cosa que de no hacerla les pone en el peligro de quedar anclados en idealizaciones absurdas y esterilizantes fidelidades y competencias de escuela.
En tercer y último lugar, pero en absoluto de menor importancia, su intención es dar cuenta del proceso grupal en el que vienen participando con un grupo de colegas en España y otros países de Europa y de América desde que tuvo lugar en Madrid, el 9 de diciembre de 1979 el coloquio entre los autores del libro Psicología Dinámica Grupal que en éste queda recogido.
“Convergencia Analítica” es el nombre que a sí mismo se han dado uno de los grupos que en España forman parte de este nuevo movimiento analítico, al que se sienten vinculadas personas de distintos orígenes y escuelas y donde encuentran la oportunidad de seguir pensando libremente más allá de las restricciones que se les imponen desde sus respectivos marcos institucionales y redes profesionales de pertenencia.
No pretendemos en absoluto que las ideas aquí expuestas sean representativas ni vinculantes ni para este grupo ni para cualquier otro en que hayamos trabajado en el pasado o trabajemos en el futuro. Como tampoco reclamamos autoría en exclusiva de las mencionadas ideas ni cabe acusarnos de plagio por aquellas que fueron originalmente dichas en el contexto de éste u otros grupos. Todo este discurso forma parte del contexto grupal a partir del cual nuestro diálogo creativo binario ha venido creciendo, nuestro esquema conceptual, referencial y operativo no es el mismo que aquel con el que entramos a la experiencia. Ello demuestra que el instrumento produce cambio, cosa que nos alienta a seguir en esta dirección trabajando.
La tarea de un grupo operativo es aprender a pensar, el vehículo para aprender a pensar es la palabra, la comunicación entre distintos aspectos de uno mismo, entre las distintas personas de un mismo grupo y entre los miembros de dicho grupo y otros grupos, personas de la comunidad, es lo que permite aprender a pensar, aprender a vivir, y aprender a crear y a recrearse en el sentido de goce.
Las ideas son de quien las trabaja, pero las ideas por ello no pasan a ser propiedad de nadie. La palabra enlatada, es decir impresa en blanco y negro y editada, no sirve para comunicarse. De ahí nuestra resistencia quizás a escribir este libro, y la de nuestros maestros a escribir aquellos otros que pudieran haber escrito y no hicieron.
Nuestro intento de reiniciar un diálogo entre S. H. Foulkes y Enrique Pichon Rivière aún cuando sea de manera vicariante y a través de nosotros, lleva consigo un intento de cambio. El que nos sirva a nosotros dependerá del esfuerzo que en él pongamos, el que pueda servir a otros dependerá de la disposición con que se atrevan a intentarlo.

Madrid, 8- 4 – 84

Del libro de Hernán Kesselman, “La Psicoterapia Operativa” (dos volúmenes) I. “Crónicas de un psicoargonauta” y II. “El Goce Estético en el de Curar.”, Editorial Lumen-Hvmanitas, Buenos Aires 1999.

Grupoanálisis Operativo: Foulkes – Pichón Riviére. Un diálogo pendiente, un diálogo para un cambio
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