La literatura como embajada inconsciente del psicoanálisis

La avidez compulsiva y consumista por estar “a la última” no es monopolio de la informática o la electrónica… Hace poco, un filósofo argentino muy cercano al psicoanálisis, J. de Brasi, comentaba: “En Argentina ya no se lee a Freud, lo creen superado…,’ Aunque algunos de los aludidos levanten airadas protestas, no se puede negar una cierta tendencia a dejar de lado las fuentes a la hora de adentramos en los nuevos paradigmas científicos, con la consiguiente pérdida de sentido a que ello conduce. ¿Qué es lo nuevo sin lo viejo, lo anterior sin lo posterior, el consiguiente sin el antecedente? ¿Qué es una determinada ciencia sin las restantes que le sirven de contexto? ¿Qué es la ciencia sin el arte o a qué conduce el arte sin la ciencia?
El recién estrenado CAT [1] norteamericano, por ejemplo, en un intento de conciliar viejos contrincantes, se instala en un ser humano ya constituido, sobre el que aplica una metodología psicoanalítica a lo patológico, prescindiendo de la perspectiva genética y dándole un dudoso estatuto al inconsciente.
Pero la historia con sus fuentes sobre las que apoyar las indispensables nuevas ideas, “insiste”… El profundo trasfondo característico de la metapsicología permite que baste recurrir a grandes pensadores que, en cualquier época. cuestionaron al ser humano. para detectar – incluso en ocasiones con terminología muy similar – lo que Freud, otorgándole una unidad estructural, dinámica y económica, estableció como teoría psicoanalítica.
¿Qué es, a fin de cuentas, un personaje “bien conseguido” sino una estructura? ¿Cómo denominar al drama del relato sino en términos dinámicos? Y, finalmente, ¿qué decir de la fuerza eterna de las pasiones que jamás se consumen sin recurrir al venero de lo económico?
Con estas reflexiones pretendo introducir lo que para mi ha sido un reciente descubrimiento: puntos concretos de la obra de María Zambrano en torno al “infierno terrestre” de la envidia y el nacimiento de los dioses que, escritos en 1955, bien podrían llevar la firma de un ortodoxo psicoanalista.
Ello me ha llevado también a otros tres autores bien conocidos el primero y el último y más preterido el segundo: Unamuno, Cadalso y Quevedo. Excelente complemento al infierno de Zambrano, la descripción más desgarrada y sin fisuras que se ha hecho sobre la envidia. el Abel Sánchez de Unamuno, novela escrita en 1917 y de la que pueden encontrarse más referencias en los textos analíticos; o aún antes los Sueños de Quevedo y Cadalso (S.XVIII) en sus Noches lúgubres y con ello sólo cito una ínfima parcela de nuestra literatura contemporánea.

El nacimiento de los dioses o cómo se constituye un ser humano.

La aparición de los dioses, su sedimentación… significa pues un pacto o una victoria habida en el interior mismo del misterio último de la realidad: son la expresión de una ley que ya nunca más se verá transgredida, con el signo y la garantía de que el mundo está formado; se ha salido ya del Caos…

Salir del caos, de la ciega noche en la que quizás rigen las leyes de un proceso primario donde no cabe contradicción, de la fusión, lo glischocharico -en expresión de Bleger-… Cadalso también le sitúa, siguiendo los mitos primordiales, en nuestro origen:

¡Bien venida seas, noche, madre de delitos, destructora de la hermosura, imagen del caos de que salimos!

María Zambrano contempla a la humanidad sin tiempo, primordial, más allá de los dioses mitológicos, casi diríamos, como ese dios antes de todos los dioses, aquél para el que la palabra origen no tiene sentido, cuya única ignorancia reside en no saber qué es el principio. Podríamos suscribir sus palabras como diáfana definición de lo que consideramos posición aglutinada, plenitud fusionada por la que transcurren los primeros dos o tres meses de la vida del bebé:

La realidad agobia y no se sabe su nombre. Es contínua ya que todo lo llena y no ha aparecido todavía el espacio, conquista lenta y trabajosa. Tanto más que la del tiempo. (Zambrano)

Espacio en el que es difícil ubicarse y para lo que, como veremos más adelante, es indispensable la presencia del otro, de ese otro que nos impregna de ritmos que nos permitirán acceder también a la temporalidad.

La simbiosis donde no cabe diferencia sujeto/objeto ocupa unos versos de
Quevedo:
No hay quien este amor no dome
Sin justicia o con razón,
que es sarna y no es afición
amor que se pega y come. (Sueño del infierno)

En Revista “Clínica y Análisis Grupal” Nº 71, Madrid, año 1996
Fragmento publicado en el libro del Dr. Hernán Kesselman. “La Psicoterapia Operativa”, (Tomo I “Crónicas de un psicoargonauta; Tomo II “El Goce Estético en el Arte de Curar”), Editorial Lumen, Buenos Aires, 1999.

La literatura como embajada inconsciente del psicoanálisis
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