Prólogo a la nueva edición de “La Multiplicación Dramática”

Como anuncié en la edición anterior y seguí profundizando en los últimos seis años, he podido afinar y enriquecer de modo conceptual como también en la práctica este método que, fue a su vez, multiplicado por la Heteronimia de Fernando Pessoa que aplico a partir de la escena mostrativa, durante el proceso de la Covisión.

LA COVISIÓN, DEVENIR METODOLÓGICO
METODOLOGÍA PARA DEVENIR…?

Para trabajar las novelas personales que cada profesional tiene de sí mismo, desarrollé el método de la Covisión (supervisión horizontal colectiva). El texto dramático o producción dramática global incluye tres pasos, a saber:
1. Texto Escrito o Escena Mostrativa.
2. Multiplicaciones Resonantes.
3. Comentarios y reflexiones finales en el compartir (Sharing).

Durante el transcurso de los comentarios finales, me dedico al ensayo de los diagnósticos psicopatológicos vinculares y maquínicos del caso covisionado.
A través de mis aportes sobre la psicopatología vincular de los núcleos básicos de la personalidad (melanco, esquizo, confuso) estoy experimentando nuevas combinaciones en el camino de una psicopatología maquínica, que como con las piezas de un rompecabezas o con los giros de un caleidoscopio, permitan confeccionar diagnósticos estructurales, fenomenológicos, desde la psiquiatría dinámica y metáforas diagnósticas en la multiplicidad de cada unidad de la escena dramática. ¿Multiplicidad de qué? De disposiciones en cada unidad. Estas disposiciones se encarnan en el acontecer improvisado de las multiplicaciones resonantes que, enhebradas como las cuentas de un collar, permiten un diagnóstico de producción de la máquina grupal: producción de intensidades, producción de identidades posibles (otros significados), producción de intensidades y ritmos diferentes de la escena del punto de partida.
Este descentramiento progresivo, remite al último paso que es:

Diagnósticos vinculares y maquínicos.
La lectura colectiva y compartida de dichas singularidades en formas de personajes conceptuales y figuras estéticas va configurando un ritornelo (sonoro, visual, rítmico) como diagnóstico metafórico para designar la obra de arte producida por el grupo que, a diferencia del diagnóstico vincular, tiene la vida efímera del momento de la covisión y que, constituye el paisaje psicosocial cuya descripción nos convierte en cartógrafos (Deleuze & Guattari, Rolnik)

FERNANDO PESSOA Y LA HETERONIMIA EN LA PRÁCTICA PROFESIONAL:
LOS DISPOSIBLES…
UN DEVENIR POÉTICO DE LA MULTIPLICACIÓN DRAMÁTICA.

Heterónimo fue el término elegido por Fernando Pessoa para designar a distintos personajes, biografías, estilos con los que fue enmascarando su ortónimo (su propio nombre). Para otrarse, hacerse otro, desde esa capacidad histeroneurasténica que él mismo decía que tenía. Y lo hace para diferenciarlo de la palabra “seudónimo” que sería el firmar con otro/s nombre/s para no ser reconocido como la misma persona, que usan algunos autores. Estos poetas con vida singular aparecieron en él sin que los convocara y, sin embargo, tuvieron tanta fuerza propia y diferente entre sí que, parecían voces saliendo del cuerpo de un mero médium, llamado Fernando Pessoa.
Y así como jugando con nuestras Escenas Temidas apareció la Multiplicación Dramática que, cada vez más fue agenciada hacia los escritos de Deleuze & Guattari. También, jugando con los heterónimos de Pessoa aparecieron en mí los disposibles: Síntesis de disposición, de posibilidad diferente, de estar en acto biográfico, sus conexiones y relaciones desarrollados en mi práctica asistencial, de investigación, de docencia; al igual que en mi vida cotidiana hasta hacer de ellos una forma de sentir, actuar, de pensar y comunicarse. Algunos, con vida permanente animando mis humores caracterológicos, y otros, en parte impuestos y en parte buscados en la indagación típica de la exploración de los integrantes de la escena mostrativa. En una palabra, la heteronimia pessoana me estimuló para jugar a ensayar la aparición accidental de personajes que podríamos crear grupalmente algo similar aunque distinto, a los que el poeta portugués percibió en sus actos de alumbramiento.
Todo comenzó como un juego que se me impuso emocional y reflexivamente, multiplicando la terapia de mi soledad en los momentos de búsqueda, de salida humorística, irónica y dramática de los nudos vinculares que tejían los personajes pueblan mi realidad personal y profesional. Como en la Multiplicación Dramática ésta también es una vía para el estudio de lo personal del profesional (ver en este libro, mi artículo “Lo personal del psicoterapeuta de grupos”).
Si en Pessoa se encarnaron Ricardo Reis, Álvaro do Campos y Alberto Caeiro, en otros, en mí se encarnaron como disposibles: José Todavía No (primo hermano de Bartleby, el escribiente), fortísimo para la potencia de no actuar y autoencarcelarse, con el “No” fácil y el “Sí” difícil. Contemporáneamente y en reacción al anterior, uno que aún con predominio de perturbaciones físicas y de soledad, combatía desde las sombras y desarrollaba toda su potencia órfica de actuar: Erik, el protagonista de El fantasma de la Ópera (Gastón Leroux) -el guerrero de los ritornelos sonoros- quien conseguía desactivar las artimañas y razonamientos del disposible anterior.
Como fórmula para variar la interacción, apareció una figura intercesora, propia para ese rol, llamada el Venerable Profesor. Auxiliado a veces por Walt Disney.
Ejercité este juego con mi familia, con algunos amigos, con colegas, discípulos y pacientes, en el trabajo cotidiano de mi vida profesional. Esta combinación de personajes que uno quiere ser, más el interés por desarrollarlos en la psicología del encuentro, abrieron un camino para representar otra vez y con nuevos escenarios, la heteronimia pessoana a la que adhiere Deleuze (Personajes Conceptuales y Figuras Estéticas) y, en mi caso, para despertar nuevos caminos a los conceptos de núcleos básicos vinculares y a los diagnósticos de una psicología más impregnada por la psicopatología médica que, esta vez quiero abrir desde el arte, la vida cotidiana, la filosofía y la literatura.
De ahí, las relaciones entre Escenas Temidas y Multiplicación Dramática que pretendo ejemplificar y experimentar: De cómo vivir varias vidas sin tener que morir varias muertes.
Nuestros heterónimos configuran los personajes que desarrollan la ficción de la novela personal como profesionales, al vincularse entre sí y con los otros (pacientes, instituciones, etc.) Pessoa los interiorizó, sólo los dejó escribir libros y poemas. Pero los encerró en un baúl e implotaron dentro de él sin que nadie lo advirtiera. Yo, en cambio, los estimulo a corporizarse en la escena, a exteriorizarse, haciéndose visibles y audibles para el público y adjuntándolos a su ortónimo y al de nuestros alumnos, pacientes, amigos.
Éste es el rodeo literario que moviliza diversas geometrías dinámicas de capturas y fuerzas, de parálisis y formas diferentes de actuar que surgen de las consonancias y resonancias con la escena mostrativa.
La figura conceptual es como el nombre del rol y la figura estética es la característica singular para cada personaje (hadas, brujas, tristes, histriónicos, ansiosos, etc.), los nombres de los actores de la obra.

Entrenarse en los disposibles
La multiplicidad es de disposiciones que podríamos actuar, por hacerse posibles en la escena las denomino disposibles. Se pueden utilizar para entrenarse en el reaprendizaje y transformar conductas monocordes, repetitivas y previsibles, dándole no sólo al diagnóstico un formato menos pegoteado a las taxonomías y nominaciones de la Psiquiatría tradicional (fobias, obsesiones, hipocondrías, delirios, etc.), sino también un destino a cumplir con más posibilidades de originar nuevos roles en uno mismo. Interrogar el equilibrio atado a “volver a ser como se era antes”, para darle otras potencias capaces de ser desarrolladas en distintos ámbitos de producción de sentido, en diferentes máquinas grupales, en otros vínculos y temáticas alejadas de la común forma de ser y de interesarse siempre por las mismas cosas,
en otros territorios.

Los disposibles pueblan el “teatro íntimo del ser”, de nuestro ser. Georges Steiner escribió: “Es poco frecuente que en un país se ganen cuatro grandes poetas en un solo día. Pero eso es lo que sucedió en Lisboa el 8 de marzo de 1914.(finalmente fueron setenta y tres heterónimos). Pessoa, Joyce, Svevo (Trieste) y Kafka, son los maestros de la modernidad urbana”.

Rimbaud proclamó:
Je’est un autre (Yo es otro) y Pessoa, a quien esos yo-otros –heterónimos- se le imponían, nos dice:
Si las cosas son astillas / del perspicaz universo / que yo sea mis fragmentos / distraídos y diversos. / Lo fueron y no lo fueron.

A través de la Multiplicación Dramática trato de descubrir qué heterónimos posibles acompañan a quienes circulan por la escena mostrativa. Heterónimos, como dije, ambién se nos imponen, como a Pessoa, en la vida cotidiana personal y profesional.
De esa manera, intentamos ir diseñando una cartografía de heterónimos -como dice José Gil, estudioso de la vida y obra de Pessoa-, investigando los múltiples aspectos de las relaciones entre los heterónimos en una asamblea de almas, según proponía Cardoso, el médico de Sostiene Pereira de Antonio Tabucchi.
Pessoa como Álvaro do Campos, nos revela en Passagem das horas, el secreto de su multitud:
“Me he multiplicado para sentir / para sentirme / he debido sentirlo todo / estoy desbordado, / no he hecho sino rebosarme, me he desnudado, me he dado / y en cada rincón de mi alma hay un altar a un dios diferente.”

Y en este otro poema, el secreto de sus certezas:
“De todo quedaron tres cosas: / la certeza de que estaba siempre comenzando, / la certeza de que había que seguir / y la certeza de que sería interrumpido antes de terminar. / Hacer de la interrupción un camino nuevo, / hacer de la caída un paso de danza, / del miedo, una escalera, / del sueño, un puente, / de la búsqueda… un encuentro.”

Del libro “La Multiplicación Dramática”, nueva edición corregida y ampliada. Atuel. Buenos Aires, 2006.

Prólogo a la nueva edición de “La Multiplicación Dramática”
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