Resonando con Pichón hoy

Hernán Kesselman: Esta charla entre Ana y yo, es el puntapié inicial, la nota “la” de nuestros diapasones personales que emitiremos para compartir en este espacio público, abierto, nuestras resonancias pichonianas con ustedes y las de ustedes, entre ustedes, y con nosotros. Así lo íntimo, en los sectores que puede ser compartido con otros, se socializa, inscribiendo “lo personal” de quienes consuenan y resuenan con nosotros y entre sí. De esta manera, lo personal no se diseca de lo profesional sino que se despliega grupalmente cuando “hace masa”, por contagio creador. Por entusiasmos consonantes y resonantes.
Desde hace tiempo, con Ana Quiroga venimos resonando con Pichon Rivière. Yo diría, desde hace unos treinta años. Unos treinta años de amistad y Enrique siempre ha sido un tema. No solamente Enrique Pichon Rivière, el maestro, el amigo, el compañero; el tema era el Pichon en nosotros, el Pichón-en-nos. Y entonces con Ana estuvimos pensando que aunque y porque estas jornadas tienen fundamentalmente un tema que tiene que ver con Producción de Subjetividad; uno no puede dejar de preguntarse ¿qué habría dicho Pichon en este momento por ejemplo con el caso Coppola? (risas) ¿Qué habría dicho…?
Porque esta mañana, por ejemplo, lo escuchaba a Santo Biasatti anunciando una cantidad de conflictos sociales que el caso Coppola y sus secuelas farandulescas “por entregas” parece estar tapando. Me fui, me bañé, me afeité, salí y todavía seguía hablando de esos conflictos. Entonces me digo ¿qué habría hablado Pichón, qué bromas haría sobre este tema? Con Ana cuando pensamos cómo encarar este encuentro con ustedes, nos dijimos: “Bueno, sería un bodrio que leyéramos algo” porque no corresponde al estilo de nuestras charlas cuando estamos a solas, en el café, por ejemplo.
Pero sí es cierto que Ana desde el insilio, que le tocó vivir a partir del ‘76 y a mí desde el exilio que me tocó vivir en España -acá están los compañeros de la Escuela de Pichon que yo fundé en España- y a partir del ‘86 con mi desexilio, hemos venido resonando sobre Producción de Subjetividad, cada uno por su lado o juntos, sobre el tema. Y el tema: eran siempre muchos temas. Inclusive nos duele pensar que hay gente que piensa que Enrique Pichon Rivière hoy sería anacrónico, lo cual presupone un Pichon ortodoxo, inmóvil a lo que escribió en los años cuarenta, cincuenta, sesenta y pico. No es pertinente concebir ni que Pichón, ni que Freud ni que Lacan ni que cualquiera de los grandes hombres, que han hecho punta en la historia de la Psicología, podrían repetir o pensar hoy lo mismo. A Ana le ha tocado escuchar y a mí también, juicios como éste. Que ofenden nuestra inteligencia y por eso irritan.
Como pasa con las leyendas, hemos transmitido el mito de Pichon de boca en boca, y hemos transmitido cada uno con nuestra propia singularidad, los conceptos básicos del Esquema Conceptual abierto al que Pichon hacía referencia para operar en su época. Esta Escuela, en ese sentido, ha sido un bastión. Bastión de la resistencia a la desaparición de los testimonios legados por Pichón. Pero ¡cuidado con esto! porque mucha gente piensa que repetir a Pichon al pie de la letra, es “ser pichoniano”. Creo que Pichon hubiera sido irónicamente muy cruel con ellos, muy terrible porque cuando Enrique decía algo, no lo escribía porque su atención ya estaba en otro lado, o se ponía a escribir y si él no lo escribía, se lo escribía gente como Ana u otros compañeros, Martha Lazzarini … ¿dónde está la Negra Lazzarini? (la Negra levanta la mano, desganadamente, con apariencia de estresada) … Como decía, gente como Martha Lazzarini … ¡que así como está la dejó Pichón! (risas), Martha Herzberg, y otros tantos amigos, que lo transmitían operando artesanalmente con los grupos. Nosotros también pensamos que transmitir a Pichon era importante. Pichon en su propia letra, en sus escritos. Pero los escritos – incluidos los Evangelios, como sabéis (y hasta el Papa da su nueva versión de “Lo complejo y la teoría de la evolución”) son interpretados de acuerdo al ojo que los lee, que lee, que interpreta; la transmisión es importante pero nunca químicamente pura. Y Pichon escribió un ECRO abierto al social de la historia para que cada uno tome el trozo que quiera como testimonio para continuar la carrera en cualquier pista. Pienso, entonces, que nadie puede arrogarse la categoría de decir quién interpretó bien a Pichon y quién no (para competir con más derecho en el mercado de la Transmisión de su Teoría), pero sí que las interpretaciones al ser diversas multiplican el ECRO original De todas maneras, pienso que hay un modo de ser pichoniano, un modo de estar en el mundo que persiste insistiendo en cada generación. Por otra parte, ser pichoniano, podría ser en sentido estricto y efímero sólo Pichon Rivière, ser lacaniano sólo Lacan, ser freudiano sólo Freud. El resto sería “ser ano” (risas) pero no como el auténtico Pichón. “Ninguem é deleuziano” -decía Suely Rolnik, una psicoanalista brasileña, hace poco. Nadie es freudiano, nadie es pichoniano salvo en su momento Pichon Rivière, y que precisamente al interrogarse, ya no lo era, o al menos no era solamente eso. No lo era diez minutos más tarde después de que todo lo había pensado, y ahí está lo fascinante. De ese modo, de ese modo sacrílego, de ese modo atrevido pero riguroso, de ese modo por el cual le valía la pena vivir, esa lucidez dialéctica que lo hizo hacer, desarrollarse, vivir y morir como tal, coherente con lo que pensaba. No fue un “marxista de country” ni tampoco de academia. Y esto es teoría que se transmite, teoría de vida, una praxis y hace que muchas veces, como lo hacíamos con él, Ana y yo disfrutemos en una parrilla con un churrasco y una ensalada y sintamos que resonamos con Pichón, en un modo de vivir solidario y crítico. Eso, pienso que representó Pichon para mí. Para Ana que vivió y trabajó con él representó muchas cosas intensas que ahora seguramente les contará. ¿Por qué no entonces intercambiar, Ana y yo acá con ustedes, lo que charlamos a solas: nuestras coincidencias, nuestras divergencias, nuestras posibilidades conjuntas, nuestro – más que coincidencias y divergencias – puntos de vista, de mirar desde un lugar singular para aportar a una Epistemología Con/di/vergente, opiniones vertidas sin tantas reservas y que no se suelen compartir en público, no sólo para preservar la intimidad de los que dialogan, sino también, para no ser capturados por el atravesamiento social que cruza el campo de la salud y del poder en la Psicología y que han naturalizado las leyes actuales del “vale todo” en la “Viña del Mercado”.
……………..

Porque la Psicología es justamente, como disciplina de lo humano, ese maravilloso encuentro con un oficio, donde uno puede devorarse todo lo humano, porque nada de lo humano le es ajeno. Hoy una de mis diálogos imaginarios con Enrique sería: -¿Qué te parece Enrique el concepto de Antropofagia del Tropicalismo de Oswald de Andrade que nos trasmitió Suely en estos días en los que vino a trabajar conmigo a Buenos Aires? Devorarse todo lo humano como se lo devoraba Enrique. Desde un buen partido de fútbol (risas) hasta los escritos de Joyce.
Así que yo diría eso. Con “La Multiplicación Dramática”, todo el pasaje, nuestro tránsito con Tato , es desde lo siniestro a lo maravilloso a través de la vivencia estética. Estas son las resonancias con Pichon que ya escribimos, diría yo.
Y lo último: Lo Complejo. La aparición de los Nuevos Paradigmas, la Transdisciplina, las Caosmosis, la Ciencia compleja, la multiplicidad. Seguro que charlaríamos mucho porque no siempre adquirir lo nuevo es ponerse en contacto con lo extraño, como dice Suely. A veces se adquiere “lo nuevo” para aggiornarse, y extenderse más en lo mismo. Bueno, es una forma de acercarse, de aggiornarse, lo cual no quiere decir que se ponga en contacto con lo extraño.
Lo extraño, el misterio de la extraño, está en toda la base del pensamiento de Pichon ¿no es cierto?. Así que también nos reunimos con Ana -porque Tato y yo fuimos muy agenciados por el pensamiento de Deleuze y Guattari y por distintos autores, que van desde Carver, con sus poemas y cuentos coros, hasta Francis Bacon, con sus pinturas, nos dieron alimentos para construir nuestra propia Antropofagia Clínica. Pero lo cierto es que charlamos mucho sobre este tema con Ana, a quien le fascinó este enfoque. ¿Y por qué no? si Enrique fue el primer Cartógrafo Psicoanalista y el primer adelantado de la Psicología Social Antropofágica. El está muy presente en estos diálogos, lo que nos falta es su presencia corporal, el humo de su pipa, pero siempre hay, como dije, un Pichón-en-nos.

Ana: Sí, yo te escuchaba y es una cosa que descubrí a lo largo de este año y que en nuestra charla de estos días, se hace particularmente cierto. Y es que este año que está por terminar, tengo la edad que tenía Pichon cuando lo conocí. Y yo decía: “Pucha, él no era tan grande” (risas) Esto de: cómo cambia la perspectiva desde la que uno mira las cosas. Entonces, pensaba …

Hernán: Parecía como cuando yo lo veía hacer pis a mi papá (risas).

Ana: Yo pienso en todas las etapas que pasamos con Enrique en la escuela. Me apareció muy fuertemente este año la figura de Pichón, por las crisis institucionales que tuve que atravesar, por tener la misma edad, por las situaciones críticas sociales y que yo las viví también en lo personal y Hernán me ha ayudado mucho.

Hernán: Y vos a mí.

Ana: Bueno. Y entonces pensaba qué estaba haciendo Pichon cuando tenía mi edad. ¡Estaba empezando de nuevo! Y yo tengo la sensación de que entre el último año y ahora, yo estoy empezando de nuevo. Estoy empezando de nuevo con la Psicología Social. Para mí la Psicología Social tiene vida y tiene sentido, tanto que está realmente metida en el corazón de lo que estas jornadas plantean: Procesos Sociales y Subjetividad y qué hacer frente a un proceso social que es tan antagónico con la posibilidad de una subjetividad sana, y qué hacer con una subjetividad tan atacada, tan golpeada, para que pueda empezar de nuevo. Eso me lo planteaba ¿cómo hago para empezar de nuevo? Primero me tuve que dar cuenta que tengo que luchar contra mis propios bloqueos, como por ejemplo, que yo misma a veces hablo y pienso en la dialéctica y quiero hacer lo que digo y pienso, pero, ¡muchas veces me encuentro hablando y pensando linealmente: las contradicciones que le dicen! … (risas) … Y entonces yo pensaba para tranquilizarme: “ya llegué y ¡pum! se acabó”. Porque fue muy largo y muy duro en tantos momentos el acompañarlo a Enrique cuando él empezaba de nuevo y fue otro empezar de nuevo mío, y fue como muy duro de sostener – y algunos de ustedes que están aquí presentes, lo saben -, lo duro que fue sostener la Escuela en el período de la dictadura. Lo que fue salir y encontrarnos todos los que creíamos que pensábamos lo mismo, nadie pensaba igual y que eso, era la llegada de la democracia, no era la llegada pero era una situación institucional que nos marcaba, ya no nos ponía un enemigo ahí adelante que nos amenazaba sino que ese enemigo se retiraba, derrotado en parte, se retiraba a “otra”. Y entonces empezaban a aparecer de nuevo las diferencias y qué hacíamos con las diferencias, que es un gran tema ¿no? Fueron períodos muy difíciles. Yo tuve una gran crisis con la Psicología Social, estaba decidida a dejarla. Yo quería dejarla y creía que la iba a dejar. Creo que es un poco aterrorizante decir mientras dirijo una institución que iba a hacer eso, pero … (risas). Pero, en realidad incluso había preparado una cierta base estructural para poder irme hasta que me di cuenta de que sólo podía empezar de nuevo si pasaba esa crisis de dejarla porque yo quería dejar una Psicología Social y quería empezar otra y quería dejar quizás una Ana y empezar otra. Esto, lamentablemente a uno no le llega habitualmente con sonido de violines ¿no?, sino en general sonido de rastrillo …

Hernán: Taladros.

Ana: Taladros y serruchos ¿no? (risas). Sobretodo serruchos (risas). Un serrucho por aquí, otro por allí … bueno. Pero, en ese proceso, me di cuenta que tenía que empezar de nuevo y que a los cincuenta y siete años – ya no me importa decir mi edad porque una vez ya lo confesé cuando festejé mi cumpleaños durante las primeras jornadas – y que a los cincuenta y siete años tengo que empezar de nuevo. Y me siento muy bien empezando así. Esta es mi resonancia.

Hernán: ... si tomo la pared que me tirás, digamos …

Ana: ¿qué es la pared?

Hernán: Es esa pelota de fútbol que se devuelve al compañero colocándola para que la reciba más adelante.

Ana: ¡Ah! Bueno, tirémonos paredes pero, no tiremos las paredes ¿eh? (risas).

Hernán: Habría miles de temas para hablar de resonancias pero uno que se me ocurrió – quizás porque estoy muy entusiasmado con la llegada de Suely -y para los que comparten conmigo en este momento, todo el tema de la Subjetividad y Globalización, que es un tema que me preocupa y que como psiquiatra, aunque ya no vea neuróticos y … no sé si veo psicóticos pero sí veo “gente exasperada” … que es otra cosa … (risas)

Público: Podrías repetir la llegada de quién … y quién es …

Hernán: De Suely Rolnik, una discípula de Guattari. Escribió con él Cartografía del deseo, y también discípula de Deleuze, y que está trabajando con un tema que tiene que ver con las diferencias, y con la identidad. Qué identidad tiene el psicólogo social es un tema permanente para juntarnos a tomar mate, charlar, comer facturas y ver cómo hacemos para llegar al otro día. Creo que hicimos muchos congresos sobre identidad del psicólogo social y no sólo porque estuviéramos distraídos y no pudiéramos definirla, yo te diría tanto que si vos me apurás un poco, diría: Para mí la tarea del psicólogo social sigue siendo la misma, como la definió Enrique: el examen crítico y la interrogación de lo obvio de la vida cotidiana. No cambió, para mí, como tarea no cambió. Lo que cambia es el método, el social histórico, la forma de hacer y de vivir lo que pensás, etc. … pero evidentemente si define algo esa identidad es que es infinitamente limitada. Yo me defino, como “Psicólogo social vocacional” … y … soy médico psiquiatra y psicoanalista y psicodramatista y cartógrafo operativo y … Es decir, tengo estares. Un día, o en diferentes momentos del día, estoy una cosa, otro día otra, otro momento, otra, etc. según la máquina vincular en que me encuentro implicado: esos son Estares. No creo que duren mucho. Son efímeros. Entonces, este tema que traía Suely, de que uno se aferra por adicción, por terror a perder la identidad, tanto que a veces se adopta la identidad “ pret a porter” que exige el mercado y los mass media. Creo que sería muy importante para mí estar diciendo esto de Enrique. Que él era alguien tensado fértilmente entre sus estares (lo que llamé los Estares de Pichón). Yo mismo, cuando me fui al exilio, uno de mis terrores -me fui a los cuarenta y dos años, mis hijos eran chicos, dejaba a mis pacientes más queridos, que fueron los que más me cuidaron – mi terror era dejar de ser y mi ansiedad, llegar a ser.

(La cinta grabada sigue con la charla. Hasta ahora no había sido desgrabada y obviamente no publicada junto con el resto de los que también intervinieron con sus ponencias escritas en las Jornadas de Homenaje, por que nadie sabía dónde estaba la cinta, que nos fue recientemente suministrada por un alumno del Aula Taller del CPO que la había grabado ese día y tuvo la gentileza de dárnosla.)

(Fragmentos de una abierta al público en el marco de las Jornadas de Homenaje a Enrique PichonRivière, en la Primera Escuela Privada de Psicología Social en Buenos Aires, 19 octubre de 1996.)
Del libro de Hernán Kesselman, La Psicoterapia Operativa (dos volúmenes) I. Crónicas de un psicoargonauta y II. El Goce Estético en el de Curar., Editorial Lumen-Hvmanitas, Buenos Aires 1999

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